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Bariloche: ¿Una ciudad turística o una ciudad con turistas?

 

 

Por: Daniel González


-Ex secretario de Turismo Bariloche-

-febrero 4 de 2013-

 

 

Bariloche -fot. sitio- Centro Cívico -fot.sitio-


Una costanera resplandeciente, parquizada, con lugares para sentarse, bicisendas pero también con un paseo peatonal desde el Puerto San Carlos hasta el Club Caza y Pesca. Un Centro Cívico transformado en un paseo turístico y cultural y, un centro de Congresos y Convenciones en el edificio de Movilidad de Parques, tal como se había avanzado en las últimas gestiones. Un imponente portal de ingreso a la ciudad; la concesión de espacios gastronómicos en la costanera de la ciudad; la transformación del edificio de DPA en un espacio cultural, junto al traslado de las oficinas de la secretaría de turismo y EMPROTUR.

¿Es muy difícil lograrlo? ¿Es tan difícil que los gobiernos generen un pacto en materia turística que logre una transformación profunda en la ciudad?

Todos estos sueños se gestaron en algún gobierno pero no se continuaron. Tampoco se generó el impulso necesario de todos los actores de la ciudad para concretarlo. Muchas veces primó la miseria, como principal responsable. Bariloche necesita de un generoso pacto político, social, que defina en cada área, un acuerdo de puntos ineludibles para todos y que trascenderán a las distintas gestiones de gobierno. Y así, por fin, dejaremos que los sueños se esfumen y se prolonguen las frustraciones.

Hoy, nuestra ciudad turística se ha transformado en un lugar con turistas deambulando, que ven sorprendidos ante tanta belleza natural, el desorden, la suciedad en sus calles, la falta de seguridad, monumentos históricos destruidos, descuido en la atención de los jardines, pozos. Y la lista continúa.
Podemos sumar la Terminal de Ómnibus que en ninguna ciudad turística del país podría recibir a alguien. Un ingreso a la ciudad sin un portal destacado, y un basurero que arde al ingreso de la emblemática Ruta 40 Sur.

Estas y tantas otras cosas hacen que la ciudad vaya perdiendo competitividad día a día frente a otros destinos turísticos que han sabido aprovechar las desinteligencias propias en su favor. La economía se resiente y la calidad de vida de los vecinos se deteriora, pero además, y sobre todas las cosas, Bariloche dejó de ser una ciudad para que disfrute su gente. El futuro se oscurece.

El primer paso para lograr nuestros sueños es reconocer que todos tenemos responsabilidades. Todos tenemos algo de culpa en la ciudad que no somos.Para salir, deberemos reunir a todas las fuerzas políticas, sociales, organizaciones religiosas, empresariado con el exclusivo objeto de generar esas políticas públicas que recuperen la confianza de la gente en el Estado. Si no somos concientes que para salir de esta crisis se requiere de medidas extraordinarias (y gestos extraordinarios), la política servirá para seguir tropezando con nuestras miserias.

No queremos más un pueblo sin rumbo, sumido en el permanente desgobierno o discusiones alejadas de los problemas de la gente. No es lo que soñaron mis abuelos y tantas otras familias de pioneros que apostaron y forjaron con duro trabajo este lugar. O aquellas familias que llegaron de otros lugares y apostaron por levantar sus destinos en esta ciudad. No insistamos en seguir así. Debemos ser inteligentes, generosos, y aprovechar esta crisis para darnos, de una buena vez, una gran oportunidad.

 

 

 

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