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SENTIDAS VIVENCIAS DE QUIENES OCUPAN LA MANZANA FISCAL: LOMITAS DEL JAGÜEl-POZO SALADO –LAS GRUTAS-

Por: Marta Eva Amado

info@cronistasao.com.ar

-12 de octubre de 2013-

 


(Las Grutas).- Días atrás -25 de setiembre- fue noticia que cerca de 20 familias con serios problemas habitacionales tomaron en forma pacífica una manzana fiscal en Las Grutas. Enseguida de manera precaria levantaron habitaciones con chapas, maderas, lonas y plásticos para asentarse. Y ahora, pasados más de diez días -según Paula, una vocera- contó cómo se las ingenian para vivir y que todavía no pudieron dialogar con el intendente Iud, también aseguró que no quieren la tierra gratis, que la quieren pagar, pero que les dejen gestionar sus propias viviendas.

-¿Cómo se ubican en el predio?

A la derecha se observa la construcción más amplia que las demás, donde se reúnen para contenerse.

-Cada uno tiene su lugar –dijo Paula mientras hacía de guía para que viera los distintos habitáculos y demarcaciones para asegurar de alguna manera la intimidad de cada hogar-. Acá, en este espacio más grande que los demás, nos concentramos en el caso de que llueva, tenemos libros, ropas, y otros utensilios –agregó-. Y ahí nomás abrió la puerta de la habitación de chapas que desde el techo por varios agujeros se veían los destellos de luz de aquella mañana de la entrevista-.

- Para hacer esto –explicó sin esperar la pregunta- vamos al basural y repitió: vamos al basural, de ahí traemos chapas, maderas, lonas, plásticos, ¿entendés? Dijo también que la policía está siempre apostada sobre la calle Las Lomitas del Jaguel en una camioneta que la usa como casilla porque tiene un choque y no funciona.

También contó que las 19 familias -con varios chicos de distintas edades y hasta un recién nacido el día de la toma- tienen una denuncia penal y que cuando ocuparon la manzana fiscal, la policía les dijo que no debían ingresar materiales de construcción.

 

Continuamos caminando por los improvisados senderos cubiertos con las matas y arbustos naturales –efedra, jarilla, piquillín-. Mirá, -exclamó- y fijó la mirada hacia su derecha y al ras del suelo- esto es de un chico que vive en San Antonio y trabaja acá, se hizo un invernadero para hacer plantines y los tapa para protegerlos. También los chicos peruanos hicieron una huerta, plantaron de todo.

Y tras caminar unos metros, apuntó: esto es un baño seco –una enramada con una abertura que la sostenía unas chapas y pedazos de plásticos o telas, sin puerta y mezclándose con la vegetación del terreno-. Y esto: “es una barricada para el viento sur” – se veía una construcción de escasa altura tipo muralla con la misma tierra y que lindaba con un pozón-.

Entre el 25 de setiembre y el 9 de octubre las familias pasaron cuatro días con lluvias.

-¿Cómo se las arreglaron?, pregunté con asombro.

-Y ahí estábamos, -dijo Paula- en la habitación que te mostré al principio, conteniéndonos, charlando, escuchando música.

Contó además que enviaron cartas a la Presidenta, al secretario de Derechos Humanos, al Vicegobernador -les contestó que la situación era de dependencia municipal, pero que por cualquier otro motivo estaba dispuesto a ayudarlos-, y también a la legisladora Gemignani, entre otros. Y hasta mandaron a la Defensoría del Pueblo un recurso de amparo.

-¿De los partidos políticos, se acercó alguien para conocer la situación?, pregunté.

-No, no, -respondió enseguida-. De los concejales, la única que se acercó fue Alejandra Mazziotti que tiene un carácter más humano que político, pero, ¿después el resto?, nadie.

“Ni siquiera para dialogar, -siguió sin pausa- que de última serviría para sacar un poco los fantasmas. Que acá son todos delincuentes, que tienen antecedentes.

Sí, -afirmó- hay gente que viene de otros países, es verdad, pero nada tiene que ver con la delincuencia y hay chicos que están solos y no tienen hijos, pero también un terreno les sirve de anclaje para no desviarse la plata en otras cosas. Y hace años que la gente está acá. Y hay gente indocumentada. Está la chica de Paraguay que tiene tres hijos, casada acá y la viene remando con el documento hace un montón. No cobra asignación y está separada”.

-¿Y del intendente, alguna respuesta?

-Mirá, primero fuimos a la Delegación de Las Grutas, porque así dice la Carta Orgánica. Y nos atendió Guillermo Masch con la idea de que fuera mediador para gestionar alguna audiencia con el intendente Iud. Y empezó a criticar nuestro accionar y en eso mi compañera dijo: vayámonos, nosotros venimos a gestionar una audiencia con el intendente y ellos no pueden.

Recordó que después fueron al municipio de San Antonio y que vieron al secretario y que les dijo que el intendente no los iba a atender, pero que dejaran un celular que iba a hacer lo posible para conseguir una audiencia y que los llamaría al otro día, pero que nunca lo hizo.

¿Qué pretenden del municipio?

-Que nos vendan la tierra. No queremos nada gratis, nosotros queremos pagar. Que nos dejen gestionar nuestras viviendas. Ellos dicen lo caro que sale urbanizar un lugar, por los servicios, nosotros lo comprendemos, por eso queremos hacer autogestión.

Ah, -soltó de pronto- cerca de los tamariscos que se ven desde acá están los piletones de las cloacas, son como seis. Por suerte, nosotros zafamos, porque como sopla viento del este se lo lleva para ese sector.

-Sobre el asentamiento, después se puede formar una villa precaria, sentencié.

-Acá no hay pobreza extrema –apuntó segura- . Acá, todo lo agigantan. Acá, no hay pobreza extrema, pero sí hay muchos problemas de vivienda y eso es lo que no te deja vivir para tener una mejor alimentación.

Contó que se juntan para comer y que de esa manera alivianan gastos. Y con claridad de ecónoma sostuvo: “No es lo mismo entre varios juntar 10 pesos cada uno para hacer una comida que si yo quiero comer sola, tengo que disponer por lo menos de 50 pesos”.

También mencionó que una familia de la toma es de Jacobacci. Y que la trajo a Las Grutas el desastre que le ocasionaron las cenizas del volcán Puyehue al perder la totalidad de los animales. “Esa gente quedó en la ruina y a eso no lo tienen en cuenta para hacer un análisis social”.

-¿Y si te anotás para un terreno y esperás?

-Pasa que un extranjero, ¿cómo hace?, no tiene posibilidades y una persona sola tampoco con relación a la que tiene un grupo familiar. Una de las chicas que hace 12 años que está acá tiene dos nenes y está sola, ella se fue a anotar, pero resulta que le dan un papel, pero no se lo sellan, no se lo firman, no hay registros, acá.

Por otro lado, Paula remarcó la necesidad que desde el municipio se haga asistencia social en los barrios que se forman con los terrenos que da.

“Un barrio no se hace así nomás. Sí, el municipio da terrenos sociales, pero después, ¿cómo vive la gente?, remarcó. No es que después tenés que olvidarte y listo, no, hay que acompañar. La gente tiene que aprender a vivir en un barrio, cuidar el barrio, hacer el trabajo con el tema de la basura, ver qué pasa con los niños si sufren violencia, si las madres necesitan asistencia.

-Y siguó con la idea- Porque todo el mundo dice: Iud da tierras, sí, vos podés dar, pero no es así, dar tierras y nada más. Si vos tenés un compromiso social y si sos intendente, tenes una responsabilidad social y no es solamente dar tierras, es acompañar la situación, así cualquiera queda bien y dice que da tierras”.

-¿Y si alguien más quiere sumarse y habitar esta manzana fiscal?, pregunté ante la posible ocurrencia de otra gente con iguales necesidades.

-No se puede –dijo con voz firme- porque tenemos un arreglo con la policía. Y además que ya tenemos todos causa penal y los datos de las familias están en manos del juez.



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