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Homenaje del Municipio de San Antonio Oeste como antiguo poblador

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Don Andrés “Tata” Almendra: un agente vial de los primeros

 

 

Hecho a pico, pala y carretilla y además supo hacerle frente al riguroso clima patagónico

Marta Eva Amado

info@cronistasao.com

-21 mayo de 2016-

-nota especial-

Don Andrés “Tata” Almendra tiene 93 años y una experiencia de vida que acumuló ante el difícil trabajo a la intemperie en Vialidad, tanto a nivel Nacional como después en la provincia de Río Negro con el traspaso en el 58, cuando las modernas maquinarias para abrir caminos con tecnología de avanzada estaban lejos de salir para su venta en los mercados.

Por aquellas épocas de 1940, si bien se utilizaban ciertos dispositivos mecánicos para trazar los caminos, el trabajo del agente vial consistía principalmente en poner a prueba su propio estado físico. Aparte de soportar la rigurosidad del clima patagónico con fuertes vientos, bajas y altas temperaturas, lluvia, granizo y nieve, debía utilizar el pico, la pala y la carretilla y algunas herramientas más para adentrarse en el agreste territorio y forjar las primeras rutas de ripio o reacomodar las existentes de solo pronunciadas huellas.

“Tata” Almendra, sanatoniense por adopción con más de 50 años de permanencia en el lugar, nació el 15 de marzo de 1923 en Esquel. Durante su infancia y adolescencia estuvo junto a otros hermanos sin su familia de origen, en tanto que los parientes del entorno cercano le dieron cobijo y educación.

“A los 17 años, mi primer trabajo fue en El Bolsón, trabajé con mantenimientos en la casa del sobrestante –como solía llamarse al superior- o jefe de Vialidad Nacional -recordó “Tata” con voz suave y dibujo de sonrisa en el rostro que desde que empezó la charla nunca lo abandonó de ahí que se lo notaba cómodo y con alegría al poder contar y revivir otra vez ,ciertos detalles de sus vivencias de muchísimo tiempo atrás.

Ingreso a Vialidad Nacional

Pasado un tiempo, la mujer del sobrestante o jefe de Vialidad Nacional notó el buen desempeño de su empleado domiciliario y recomendó al marido para que lo tomara en ese organismo. Corrían los primeros años de 1940 y el joven Tata tras permanecer en la repartición abriendo caminos, cumplía también con el servicio militar. Trabajó en el ente vial de nación por lo menos unos 18 años hasta que en el 58 ocurrió el traspaso a la provincia, llamándose Dirección de Vialidad de Río Negro, -después Vialidad Rionegrina S.E (Viarse) y ahora Dirección de Vialidad Rionegrina-.

“En los primeros años –apuntó Don Tata- estuve en Bariloche y en varios lugares más. Recuerdo que hicimos el camino que iba por la costanera, bordeaba el lago Nahuel Huapi, salía desde la plaza y llegaba hasta el LLao Llao. En El Bolsón construimos unos canales para que el agua no entre al pueblo, desviamos el río, eso sí, siempre al lado de un ingeniero que nos daba las indicaciones precisas”.

También pasó por distintos centros poblados de la Línea Sur. Hacía el mantenimiento de los caminos de tierra, recordó que cerca de Pilcaniyeu derribaba piedras de un cerro con pico y pala y luego de pasarlas a la carretilla utilizaba el material para rellenar las puntas de los puentes y más tarde colocaba los tablones de madera que unía con gigantescos clavos.

-¿Les daban viviendas en los pueblos que tocaban mientras hacían las rutas?

- Nos ponían casillas por los campos donde trabajábamos, ahí se armaban los campamentos, con algo de provisiones, de agua y combustible para las máquinas, y hablando de eso, recuerdo que una vez me quedé sin combustible en Aguada Cecilio y antes era todo más difícil, las comunicaciones por ejemplo, vivíamos en los caminos la mayoría de los días, soltó más tarde y quedó en silencio.

 

Después don Tata puso enseguida el foco de atención en sus manos de largos dedos, ahora huesudos, mientras que uno de ellos se resistía a doblarse o a mantener su extensión normal. Por fotos antiguas supo tener cuerpo robusto con estatura mediana, los bigotes fueron una constante, solo que antes le sobresalía un pelo renegrido y muy poblado.

-¿Pasaban necesidades?

- Y… nos tuvimos que acostumbrar a esa vida, nos daban mameluco de grafa, botines, guantes y sí, tengo que reconocer que a veces pasábamos hambre, éramos jóvenes y queríamos estar en el pueblo para divertirnos un poco –y se rió con fuerza y le brillaron como pequeños soles los ojos de uvitas oscuros y pícaros-.


Familia en Sierra Pailemán

Mientras tanto, el riguroso trabajo en Vialidad y en el exterior, sin techo que lo protegiera y ni calefacción siquiera, tras abrir y mantener caminos se vio compensado con la formación de una familia en Sierra Pailemán, pueblo pequeño de escasa población y dependiente del Departamento de Valcheta.

Allí conoció a Rita Contreras, la joven que atrapó su corazón y que después sería su mujer –murió años atrás- y pasado el tiempo en el hogar nacieron tres hijos, -dos mujeres y un varón- la mayor falleció a los 4 años y en la actualidad Ángel y Susana, sus dos descendientes viven en San Antonio Oeste.

También comentó don Tata que cerca del 55 lo trasladaron a San Antonio y que la empresa le dio para su grupo una casa precaria y chica en la zona del Cruce actual, en tanto que él con su trabajo tenía montado un campamento en cercanías de la estancia La Bombilla, camino a Sierra Grande, para mantener los caminos y hacerlos transitables. “Ya para ese entonces –aclaró con movimientos rápidos de manos- manejaba una moto-niveladora, toda de hierro y le cambiaba las cubiertas, también anduve por el Solito”.

Indicó después que los señores Weretilneck y Vázquez fueron sus jefes en esta zona y que antes de jubilarse, en la década del 80 quedó como encargado del depósito de Vialidad, en Valcheta.

Por último, tras descifrar un pergamino que colgaba en una de las paredes del living de su casa, decía con motivo de su retiro laboral y con la firma de varios compañeros: “Cuando un amigo se va, queda un espacio vacío, porque nadie puede llenar la llegada de otro amigo…”

-Mirá qué bueno, que te recuerden así.

-¿Sabés qué pasa?, apuntó rápido su hija Susana, mi Tata siempre fue muy amiguero, le gustaba jugar al truco y al pase inglés, siempre se juntaba con sus amigos y eran los que conocía desde muchísimo tiempo atrás.




 

 

Tata, último derecha, con amigos para comer asado

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