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UN HOMENAJE A PURO TANGO SENTIDO Y CHARLA TIPO CAFÉ



Marta Eva Amado

info@cronistasao.com.ar

9 y 15 de marzo de 2014

-Nota especial-



(San Antonio Oeste).- El sábado 8, en el Centro Municipal de Cultura, desde las 21.30 y tras compartir dos horas de un grato y excelente espectáculo, con el reconocido pianista cipolleño, Miguel Ángel Barcos, que fue quien lo organizó para homenajear a su amigo fallecido Juan Carlos Irízar –amante-conocedor e historiador del tango-, dejó al finalizar sabor a poco.

El artista no solo demostró habilidad para interpretar con el teclado la música de Buenos Aires –sobre todo tangos-, sino que, cual avezado animador interaccionó con el público contando algunos pormenores de las letras y las costumbres del hombre y la mujer en los bailes de antes.

Lo acompañó en la charla tipo café el periodista Julio Alcalde que antes había participado con Irízar en programas de su radio esa afición tanguera. No se cobró entrada y quienes quisieron dejaron un aporte en una caja-alcancía a beneficio del Club Talleres de SAO, entidad deportiva de preferencia del homenajeado. Asistieron sus hijos, nietas, amistades, el pte. de Talleres, Pablo Fernández y vecinos en general.

Palabras para el amigo

El homenaje dio comienzo con la voz en off del pianista Miguel Ángel Barcos que detalló las motivaciones para realizarlo y remarcó la especial inclinación que tenía su amigo Juan Carlos Irizar por el tango. “Era un extraño cordobés, que tenía una extraña locura por el tango, que casi no se podía entender, cualquiera le diría que podía haber nacido en Callao y Corrientes o dentro del Obelisco”, sentenció.

-¿Sabés qué pasa Miguel? –fue la respuesta de Irízar en esa ocasión- el tango es de todos.

Los dos amigos pasaban atardeceres completos mientras hablaban sobre Troilo, si era bueno o malo, si Hugo del Carril cantaba bien, si Castillo desafinaba, si Pontier…

-Entonces –confesó con nostalgia Barcos- él conocía una historia y yo me avergonzaba cuando su conocimiento era superior al mío.

Los encuentros se daban en Las Grutas. Y como por esa época –más de treinta años atrás- no había Internet, ni celulares, quedaban comprometidos hasta la semana siguiente para resolver las cuestiones con dudas. “Yo volvía con mis hijos chiquitos –rememoró el pianista- a la primera casa que tuve en Las Grutas y así resolvíamos lo que nos quedaba en deuda, si Piazzolla había estado con Troilo hasta el 45 o el 46…”.

Y no retaceó elogios para Irízar. “Aprendí a conocer a un hombre bueno, por sobre todas las cosas, un hombre justo, un buen amigo, un buen tanguero. Un hombre siempre con manos abiertas, sin necesidades económicas se metió en la política y sufrió como todos los que tienen buenas intenciones”.

El tango y su evolución

Ya en el escenario y al terminar los aplausos de la presentación Barcos preguntó –sin la voz en off-.

¿Cómo nacieron los tangos?

Es tan difícil hablar de la historia del tango –dijo sin esperar respuesta- y cuanto más hablamos de la historia del tango más complejo es. Y mencionó de nuevo las charlas con Juan Carlos. Empezaban con una botellita de vino hasta que subía o bajaba la marea, -como para dar idea de las horas que pasaban juntos con el tango que los unía-.

Y ahí nomás se sentó frente al teclado y arrancó con estrofas de algunos tangos.

-Seguro que éste fue el comienzo, -dijo cuando dejó de vibrar la última nota-.

Y ante el devenir actual de la música de Buenos Aires no se mostró optimista. Contó que mucha gente le suele decir: ¡Ah!, qué bueno el tango está renaciendo.

-No, nada –contesta siempre con desesperanza- solo está renaciendo a través de una de las corrientes que es el baile. La juventud está bailando tangos, pero hay un desconocimiento absoluto de, las letras, la música, los compositores.

El tango, reacio a los cambios y los argentinos: echadores profesionales de gente que se destaca

Remarcó también que las innovaciones en el tango siempre costaron. “Me acuerdo que con otros compañeros, éramos muy chiquitos y habíamos formado un grupo con violín, saxo y piano, nos mataron, nos mataron –repitió con énfasis-, los mismos músicos de las orquestas nos mataron”.

“Imagínense –dijo tras rememorar- un día a Julio De Caro se le ocurrió poner una corneta al violín para que se lo escuche un poco mejor, el público lo mató, cuando a Fresedo se le ocurrió poner un vibrafón y un arpa a su orquesta, lo mataron, cuando a Varela se le ocurrió poner en la orquesta a su hijo tocando una guitarra criolla… y así pasó con Piazzolla y con Troilo también, fuimos muy cerrados, muy cerrados", apuntó y hasta se le notaba cierto desconsuelo en la voz.

Después, Barcos interpretó una selección de tangos, entre ellos A Media Luz. Y más tarde, pero antes que retumbara el famoso Volver que lo mixturó con otra pieza italiana hizo referencia al tema recurrente de las letras por el amor hacia la tierra. Destacó que Gardel fue quien pudo interpretar ese sentimiento, -y aclaró con bronca- cuando lo echamos de la Argentina.

-Porque, ¿saben que lo echamos?, -dijo con el mismo tono- lo echamos a Cortés, a Piazzolla, somos echadores profesionales, lo echamos a Borges, después que a Borges lo leyó todo el mundo, -decimos- qué bárbaro este tipo.

El amor, la traición, la poesía…, siempre están en el tango


-¿Por qué no cuenta algo nuevo?, si no el tango es de viejos
–apuntó entre otras intervenciones Julio Alcalde, el periodista que invitó Barcos para que lo acompañe e intervenga en el homenaje.

-Para hablar del tango, no existe la edad –respondió Barcos y pasó lista a los temas inalterables, los que siempre están. El amor, la traición, la poesía, la muerte.

-Quizás se puede decir que el tango hasta que no tenés 40 años no te toca –aventuró Alcalde-.

-¿Sabés lo que decía Troilo?, -saltó Barcos de repente-. “Pibe, el tango te espera”.

¿Y sabés cuando nos llega?, -interrogó el músico- y respondiendo: cuando te pasan cosas –y después contó el origen de Balada para un loco, la vez que Piazzolla se enamoró muy fuerte de Amelita Baltar.

“Nombraste a Manzi –dijo Barcos más tarde –por el tango Caminito- dejame hacer un tema y se escuchó Responso.

Antes explicó que todo músico tuvo a un poeta para que le hiciera las letras –Mores a Discépolo, Cobián a Cadícamo y Troilo a Manzi- y si se moría, las palabras en homenaje que se utilizaban solo eran equivalentes en el idioma de la música. Por eso contó que cuando falleció Homero Manzi, Troilo le escribió Responso, sin texto, porque que no lo admitía, por más que en alguna ocasión se intentó ponerle uno pero sin éxito.

Las orquestas se diferenciaban por las velocidades


En otro de los bloques hablaron sobre las distintas orquestas y sus ambientes. Entonces Barcos recordó: “La discusión bizantina era:

-¿Adónde vamos a bailar? –decían aquellos muchachos que se reunían en algún café de barrio-.

-Yo voy a Avellaneda que está Pugliese –apuntaba rápido uno-.

-Nooo, qué Pugliese, D’Arienzo está en Banfield –saltaba otro-.

-Yo voy a Barrio Norte que está Fresedo o Di Sarli –tronaba el más cajetilla de los amigos-.

Las diferencias –apuntó el pianista- estaban en las velocidades y comentó que los ambientes más bravos eran donde actuaba Pugliese, porque había que bailar al compás de un ritmo más intenso. También, recordó que la primera orquesta que se animó a cambiar la estructura del baile fue la de Aníbal Troilo. Empezó a tocar temas con un adagio o un movimiento y así las parejas se lucían un poco más que en las otras.

-Bueno, grítenme –dijo después Barcos al público- si descubren quien es la orquesta –y así repasó algunos títulos con los consagrados maestros de la música ciudadana: Di Sarli, Fresedo, D’Arienzo y Troilo-

El baile de antes y aquella primera frase: ¿me permite?


Minutos más tarde, Barcos bajó del escenario y se acercó al público.

-¿Cómo les va?, -preguntó en tono cordial-, ¿vos salías a bailar?, ¿Cómo?

-Cabeceando –respondió alguien desde una de las butacas-.

Barcos aclaró que en realidad la historia del baile comenzó, no con el cabeceo, sino con el: ¿me permite? y que desde ahí, la mujer empezó a histeriquear. “Imagínense en un baile que había que cruzar una pista de 35 o 40 metros, el varón iba hasta la mesa y le decía a la mujer: ¿bailamos?, hay que volver, eh, son 35 kilómetros, dijo sonriendo y el público respondió con más.-

El papel de las madres en los bailes

También contó que en esos bailes de antes apareció la figura de la madre, la vieja, que acompañaba a las jóvenes. “Que tenía además de esa misión la de acompañar, censurar, clasificar y calificar. ‘Me parece que ese muchacho no es de acá’, ‘es forastero’, ‘no te conviene’, apuntó Barcos teatralizando la situación de entonces.

Y siguiendo con el hilo de ese discurso, Barcos contó que había un momento especial en los bailes. Se tocaba por noche mucho tango, milonga y uno o dos valses -y había que bailarlos, no como ahora que se caminan, aclaró-. Entonces cuando empezaban a sonar, era el mejor momento para sacar a las viejas -dicho con el mejor sentido-.

-Yo iba y le decía: ¿señora, me permite este baile?, -recordó mientras representaba el papel- seguro que decía que sí, porque al tipo tenía que olerlo, ver si era limpito, si usaba gomina y sacarle alguna conversación, porque era el futuro candidato de la nena.

Y después del pié que dio la conversación –anunció- voy a hacer un valsecito muy viejo dedicado a esas madres tenedoras de carteras y tapados –otra de las funciones que había comentado momentos antes-.

Miren –apuntó- qué bello, la hermosura de este valsecito que bailaban esas madres. Era Desde el Alma.

Y siguieron más y más cuestiones y se escucharon Los Mareados, Malena –el tango que solía pedirle el entrañable amigo Irízar-. Después, Por una Cabeza y hasta pidió el tarareo del público.

La Bordona, el de mayor desafío

También contó que el de mayor desafío para interpretarlo fue La Bordona –el creador Emilio Balcarce le había dicho a modo de advertencia: ‘ningún pianista lo podrá tocar nunca’, pero Barcos se empecinó y llegó a obtener la excelente aprobación de su autor Balcarce.

Por último, y a tan solo escasos segundos para completar las dos horas de homenaje, el artista después que Alcalde agradeció la invitación cerró el espectáculo con El Entrerriano –a pedido del auditorio- y además interpretó trozos de una milonga. Y finalmente en el hall de entrada se departió con el músico, familiares de Irízar, amigos y vecinos.



 

 

Miguel Ángel Barcos firmando uno de sus trabajos en CD y junto a tres de los hijos de Juan Carlos Irízar y María Rosa, -María José, Pablo y María Eugenia, María Florencia no pudo asistir por razones laborales y estar afincada en otra provincia del país-.

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