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RINCÓN LITER-ARTE

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

EXCELENTE Y EMOTIVO ESPECTÁCULO DE LA AGRUPACIÓN DE DANZAS MARTÍN FIERRO JUNTO AL DÚO CANTARES

 

 

Mostró una Argentina atravesada por una honda crisis social y viejas heridas que todavía no cierran

 

 

Marta Eva Amado

info@cronistasao.com.ar

-abril 20 y 22 de 2014-

-Nota de opinión tipo crónica-

 


(Las Grutas).- La puesta en escena con la habilidad natural del locutor Sergio Paz fue en la Casa de la Historia y la Cultura, de Las Grutas el sábado 19, alrededor de las 20 horas y se enmarcó como una de las actividades de Semana Santa del municipio de San Antonio Oeste.

A través de distintos cuadros de danzas con el título Bailes de Aquellos Tiempos, la Agrupación Martín Fierro –dirigida por el matrimonio Pinilla-Gómez- representó de manera excelente esos momentos. Y el último tramo, el de mayor emoción, con el nombre “Heridas que no cierran” mostró un retrato auténtico de la Argentina desde el Descubrimiento hasta la actualidad.

Allí, estuvieron incluidos entre otros, los hermanos aborígenes, víctimas de la conquista española, las Madres de Plaza de Mayo, desocupados/as, obreros en los piquetes con la primera muerte significativa en Cutral Co de Teresa Rodríguez y hasta los linchamientos de ahora.

Por otra parte, el Dúo Cantares integrado por Hugo Zola -primera voz- y Carlos Olivera, -segunda-, acompañó la velada tras intercalar unas tres presentaciones con temas variados de su repertorio –vals-balada-carnavalito-tango, entre otros- el público aceptó con entusiasmo y hasta con palmas y pidió más. En algunas canciones, Olivera, además de interpretar con guitarra, lo hizo también con armónica.


 




El colorido espectáculo de danzas y canto se extendió cerca de dos horas. Al comienzo con parejas de adultos mayores que hicieron honor al folclore tradicional y con soltura se adueñaron del escenario tras dibujar los pasos de un gato, una chacarera y para terminar, con una zamba. Después, una joven pareja interpretó Sur y además una milonga. Los dos vestían de riguroso negro. Más tarde el bailarín Tomás Pinilla de no más de 8 años con atavíos de gaucho y con los pasos del zapateo causó la admiración del público.

 


También otro de los grupos de adultos bailó una ranchera –entre los varios- luciéndose con mucha prestancia. Las damas iban con vestidos negros hasta el torso y amplias faldas similares -que les servían para los movimientos de la danza- sobre un fondo oscuro con flores pequeñas entre los tonos del rosa y blanco. Los hombres por igual llevaban bombacha negra, camisa blanca y pañuelo escocés cruzado al cuello.

 


Después se presentó el espacio Historias de tocadiscos con bailes y vestidos de época. Las mujeres lucían faldas a escasos centímetros debajo de la rodilla, zapatos con tacos y sombrero pequeño de ala mínima adornado con algún moño y flores. Los hombres iban con pantalón oscuro y chaleco, además tenían camisa blanca y la cabeza cubierta con boina hacia uno de los costados variando entre los colores, azul, rojo y negro.

Por último, la mirada estuvo dirigida al cuadro Heridas que no cierran y que duró unos 25 minutos. Fue un momento emotivo contestatario por el contenido de las canciones de la escenografía y de la interpretación de los artistas de la Agrupación –de distintas edades- y hasta de congoja –al observar que alguien que estaba sentado al lado de esta cronista se enjugaba las lágrimas-.


En síntesis, quedó en claro la indefensión del indio frente a la cultura impuesta en nombre de Dios, la incesante lucha por los derechos de la gente trabajadora representada en los piquetes, las Madres de Plaza de Mayo y otros segmentos vulnerables hasta la actualidad. Y además el cuadro dejó ver la violencia que suscita el terrible fenómeno de los linchamientos.


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