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editorial: los linchamientos, un llamado de atención por la crisis de autoridad
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Argentina es noticia en el mundo por los brutales linchamientos -fot.-

 

 

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LOS LINCHAMIENTOS, UN LLAMADO DE ATENCIÓN POR LA CRISIS DE AUTORIDAD

 

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El creciente fenómeno de inseguridad que afecta a la población argentina y a los/as que llegan al territorio pasó de ser una simple sensación, al igual que la inflación –según el gobierno- que se machacaba en los medios. Por estos días se instaló con fuerza a raíz de los linchamientos en varias provincias de parte de vecinos que hacen justicia por mano propia reteniendo a quien cometió el delito con golpes hasta quedar sin vida o muy grave o con heridas -por suerte que en la mayoría de los casos surge alguna persona de la comunidad que detiene a esa masa embravecida-.


Que por supuesto semejante práctica de barbarie nada la justifica. Sería como retrotraerse a tiempos muy pasados y por más que la ciudadanía tenga hartazgo ante la inoperancia de quienes deben aplicar justicia o por el vacío de las leyes o por la extrema corrupción que atraviesa a las instituciones del estado sin que logre resolverse, o por otras causas afines, debe entender que nos asiste una Constitución con derechos y deberes. Aunque sí, los tristes sucesos muevan a reflexionar por qué ocurren como un llamado de atención y también desalentarlos con notable énfasis.

El profesor mexicano e investigador en sociología Raúl Rodríguez Guillén de la Universidad Autónoma Metropolitana, Unidad Azcapotzalco realizó un estudio sobre el fenómeno de los linchamientos en México entre 1988 y 2010 y llegó a la conclusión de que se producía ante la crisis de autoridad de las instituciones del estado.

“La crisis de autoridad –resume Guillén en el trabajo- es la causa más profunda de la violencia social”. Cuando estalla dice que los límites sociales se han roto y que es necesario ponerles fin a la corrupción e ineptitud de las autoridades, así como al abuso que cometen en contra de la sociedad.


También remarca el investigador en sus conclusiones que esa indignación moral que muestra la ciudadanía y que antecede a la violencia social no se da por falta de normas, si no que se origina por un rechazo a la autoridad que no cumple y un intento de restablecer los principios de convivencia pacífica –aunque no justifica esa práctica-.

Guillén utilizó una abundante bibliografía específica para su estudio, más de sesenta autores que se expidieron sobre el tema linchamiento, entre ellos: Hannah Arendt, Oscar Álamo, Alain Touraine, Carlos Vilas y siguen más. Y concluye que cuando una sociedad lincha pone en tela de juicio a autoridades, justicia, cuerpos policíacos e instituciones del estado. Por eso, destaca que el buen funcionamiento de la autoridad es una necesidad social y que frente a la ausencia o incompetencia de ésta, la violencia se convierte en su sustituto.


Ahora bien, los planes que lleva a cabo el gobierno para combatir la inseguridad en el país ponen la mira en diversos aspectos que en la mayoría de los casos solo se cumplen en la letra o en la teoría. De ahí que surgen los conceptos de prevención, reinserción en la sociedad con uso de las cárceles como lugar que transforma, aumento de efectivos de seguridad, etc., etc. Pero, ¿acaso contemplan también la ética profesional de quienes integran las instituciones del estado?


La falta de ética traducida en la Argentina en gravísima corrupción que atraviesa a casi todas las instituciones del estado es una deuda a resolver que el Poder Judicial tiene para con la sociedad. Y mientras esa variable, llámese carencia de honestidad o de moralidad –connivencia de las fuerzas del orden con bandas delictivas, hechos de corrupción impunes y otros- se sostenga y hasta se acepte como un mal menor, -roban pero hacen- la gente seguirá insatisfecha y elegirá el peor camino de aplicar justicia por mano propia.


 

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