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HABLEMOS DE DUENDES -primera nota-

¿Nosotros imaginamos a los duendes, o ellos fingen existir para demostrar la fragilidad de nuestro raciocinio?

 

Don Teo - Doroteo Oscar Prieto

Por: Don Teo -Doroteo Oscar Prieto-

ruca_lo@canaldig.com.ar

 

La fantasía es un territorio de límites elásticos, que se acomoda en el interés individual según innumerables circunstancias, tan heterogéneas y controversiales como el miedo, la tradición, las posibilidades económicas, la imaginación, las vivencias, la cultura y la incultura. Tal vez, la fantasía sea una variante de la esperanza y de la fe, tal vez, lo sea del temor y de la incomprensión, tal vez, sea irreal o cierta ¿quién sabe?

De niño escuché decir a los viejos enormes de aquel tiempo que “todo lo que tiene nombre existe”; y los duendes tienen nombre…lo que no sé es cuánto de cierto tenía aquella aseveración.
Hoy que pasó más tiempo que el recomendable y que la vejez no es más ajena sino mía e inapelable, reviso el viejo tema de los “duendes” y veo que como la sopa, atormentaron a todas las civilizaciones y como la sopa, también, estuvieron, están y estarán en todas las culturas y en todas las geografías y si bien existen verdaderos estereotipos o personificaciones relativamente encasilladas, su variedad es tan amplia y diversa como la antojadiza imaginación humana.

Todo lo que de ellos se diga corre permanentemente el riesgo de transitar los caminos de la incredulidad y de la duda por mezclarse indefectiblemente la realidad, la autosugestión, la entelequia y a veces la alucinación y la insensatez.
Alguien respetado por mí, me aseguró hace mucho que los duendes son criaturas intermedias, propias de un universo feérico y que bogan entre lo esotérico y lo mágico.

Como toda temática brumosa su casi exclusivo sostén lo constituyen los testimonios de quienes aseguran haberlos escuchado cuchichear, reír, chillar y hacer travesuras.
Ha habido, hay y habrá cambiantes versiones de duendes según quien sea el que las cuente. No obstante trataremos de recopilar someramente lo que la “duendelogía” más clásica ha instalado en la imaginería popular.

El afamado “Diccionario Etimológico Español e Hispánico” de don Vicente García de Diego define la palabra duende como habitante fantasmal, derivada del latín dominus: señor o dueño o el que tiene dominio o señorío. No lejos está esta definición de aquella otra que hace derivar la palabra duende del árabe “duar”, que significaría: el que habita, el habitante, esto referido a las casas.
El Diccionario ASURI de la Lengua Española dice que la palabrita deriva de: duen de casa que sería la apocopación de dueño de casa. El Diccionario Enciclopédico Sopena opina similarmente.
El Diccionario de la Real Academia Española acota que el duende “aparece con figura de anciano y de niño en las narraciones tradicionales”.

Por su parte el popularísimo Larousse nos lo define como masculino y espíritu travieso, diablillo familiar. Invoca como sinónimos a: elfo, gnomo, trasgo y genio.
Otros diccionarios como el Lexis 22, por ejemplo nos dice que: "es un sustantivo masculino, usado para denominar a un espíritu que el vulgo supersticiosamente cree que habita en algunas casas y que travesea".
La Encyclopædia Britannica dice que son seres creados por la fantasía, a los que se les atribuyen poderes sobrenaturales. Si bien pueden ser buenos o malos, en general están más inclinados al mal.
Esta prestigiosa fuente reconoce la universalidad y la permanencia de la creencia y afirma que algunos suponen que se deriva de la existencia real de un pueblo de pigmeos.
Cita como referencia la Encyclopædia Britannica a R.L. Stevenson quien en Samoa habría recopilado versiones de hadas y duendes relacionándose con humanos.
Los famosos genios de los cuentos árabes, también parecen haber influido y según la fuente ya mencionada al retorno de los cruzados desde Oriente a Europa, habrían traído estas influencias árabes.

Previo a opinar sobre tan espinoso tema, creo que deberíamos optar por la lisa y llana descalificación o por la aceptación pautada o no de la creencia popular.
La descalificación, de por sí no merece comentario por lo que si optásemos por la segunda alternativa le estaríamos abriendo una ventana a la universalidad de lo imponderable. En ese caso deberíamos aceptar que el hecho de habitar una sola de las tantas dimensiones nos pauperiza en ilusiones y nos genera conflictos de credibilidad. El que cree es más amplio, el que niega es más estrecho. También es cierto que quien cree camina senderos de ingenuidad pero quien no lo hace es vulnerable a lo inexplicable.

A partir del testimonio popular, los duendes se involucran en un universo de dimensiones distintas entre sí y a la nuestra; por ello, por habitar alguna de esas dimensiones es que resultan invisibles a los ojos humanos y también por eso es que transcurren sus existencias en una dimensión propia. Similar situación se plantea con otros seres de existencia extrasensoria como los dragones, salamandras, hadas, gnomos, goblins, trolls, sirenas, ninfas, nereidas, silfos, elfos, etc., etc.

¿QUIÉNES SON O QUÉ SON?


El alquimista y filósofo suizo Paracelso fue quizá quien instaló aquella famosa denominación de “elementales” tanto para los duendes como para los demás habitantes de la extrasensorialidad humana; seguramente por considerarlos relacionados con la flora, la fauna y los fenómenos naturales, es decir los “elementos”: tierra, aire, agua y fuego.

¿Cómo poder definir a los duendes?

No es fácil; quien mejor lo hizo seguramente fue justamente Paracelso hace ya varios siglos y que, curiosamente, su definición es exactamente una perfecta indefinición, aceptada por él casi resignadamente.
Dijo Paracelso: “No pueden clasificarse entre los hombres, porque algunos vuelan como espíritus, no son espíritus, porque comen y beben como los hombres. El hombre tiene alma que los espíritus no necesitan. Los Elementales no tienen alma y sin embargo, no son semejantes a los espíritus, éstos no mueren y aquellos sí mueren. Estos seres que mueren y no tienen alma ¿son pues animales? Son más que animales porque hablan y ríen. Son prudentes, ricos, sabios, pobres y locos al igual que nosotros”.
Paracelso decía que eran seres “compuestos”, como si se tratara de una mixtura de carne, hueso y vida o animación, poseedores de una doble esencia que les permitía con lógicas limitaciones deambular en dos dimensiones.

Algunos investigadores actuales de los fenómenos feéricos afirman que los duendes, sin duda pertenecen a una dimensión paralela a la nuestra y por ello parecieran poseer facultades asombrosas, pero en realidad son las propias de su universo. Por ello es que atraviesan sin impedimento alguno los objetos por sólidos que sean y se sustraen a las leyes de la naturaleza (para nuestra dimensión). Fascinados por nuestro mundo y por nuestras capacidades de progreso se “humanizan” es decir se corporizan con aspecto humano, generalmente adoptando un reducido tamaño y un aspecto grotesco.
Otros aseguran que la energía vital se halla no sólo en los cuerpos visibles, sino también en fragmentos con identidad propia, que bien podrían ser los duendes. Esta sensación de energía intangible es universal, de ahí entonces: la universalidad de la creencia.

 

La nota continuará en la siguiente edición, no te la pierdas!!!!!

ESTAN EN TODOS LADOS Y DESDE SIEMPRE... Y LOS NUESTROS..?



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