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Primera casa de Las Grutas, -1939- Puesto de Chivos de Isidro Álvarez -dibujo a lápiz y a mano alzada de Joaquín "Bocho" Izco

CRÓNICAS DEL AYER

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Notas de "Bocho" Izco en cronistasao!!!!!

 

Érase un pueblo con aguaterías -primera nota-

Érase un pueblo con aguaterías -segunda nota-

La antigua iglesia de chapa...

El interior de la iglesia de chapa...

La administración del cine me dejó profundas...

A las fotografías de antes las hacían...

Datos curiosos de la corriente eléctrica, antes del '40

¿Sabías qué las candelas filtraban el agua?

Las idas a Las Grutas y la primera casa de fin de semana

Los 50 Años de Las Grutas, el primer tendido eléctrico

La venta de nafta en SAO

El reparto de leche

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

HISTORIAS DE VIDA DE SAN ANTONIO OESTE

 

Don Isidro Álvarez (1888-1976 aprox.), un pionero poblador rural de Las Grutas que tenía un puesto de chivos donde está el ACA

 

 

Marta Eva Amado

info@cronistasao.com.ar

-Nota especial-

-4 de febrero de 2014-

 

-Ah!, ¿Si conocí a Isidro Álvarez? –dijo “El Negro Espinosa” (1929-2012)- Sí, vino de Sierra Grande, por el ’38 o ’39, un señor, José María León que era de ahí, me contó cuando yo trabajaba en la mina, ese hombre tenía una memoria extraordinaria. Bueno, me dijo que vino de Sierra con un carro o chata de ruedas altas atrás, que me acuerdo que lo tuvo parado mucho tiempo y después se le secó y lo desarmó.

Isidro fue uno de los doce hijos de doña Manuela Berrido y de Fausto Álvarez. Había nacido el 15 de mayo de 1888 en Puán, Provincia de Buenos Aires -al igual que su madre- según la información que dio el antiguo pescador Julio Feltaño en junio de 2007 durante la entrevista en su casa, en el barrio Ensanche Sur. La obtuvo de una cédula de identidad del año 1949, cuando la provincia aún era Territorio de la Gobernación de Río Negro.

Además figuraba en el documento con el oficio de jornalero, estado civil soltero, con 1 metro 68 centímetros de estatura, cutis trigueño y pelo castaño. Y sobre su figura o porte, recordó Espinosa que era muy elegante y que cuando caminaba parecía que marchaba a lo militar, más o menos era así, demostró y hasta hizo unos pasos con el cuerpo tieso y erguido y después se detuvo riéndose.

Nadie, de aquella numerosa descendencia de Manuela, de una docena de hijos nació en San Antonio Oeste y el padre, don Fausto murió sin conocer el lugar.

En los relatos orales, se la recuerda a Manuela por lo centenaria –vivió hasta los 105- y por las historias que cargaba –de chica fue cautiva de un malón-. A San Antonio Oeste llegó viuda, de la zona de General Conesa con varios de sus hijos todavía pequeños y otros ya se habían ido de la casa. Era el momento de buscar independencia y sustento, formar otra familia o ir al servicio militar –como seguro pasó con Isidro que cerca de 1912 ya tenía 20 años.

“Chano” De Bunder (1919-2012) reconoció que Isidro Álvarez fue hijo de Manuela y también uno de sus tíos de parte de su mamá Ponciana Álvarez de De Bunder. “Mis parientes tenían carretas que las tiraban por lo menos con 12 mulas, en aquel tiempo”, -soltó con entusiasmo mientras recordaba la historia de la familia- . Y explicó que esos carros tenían las ruedas de adelante chicas y que se movían, como las de los autos con los bujes, y que servían para maniobrar, a diferencia de las de atrás que eran grandes y aceleraban el desplazamiento.

“Primero Isidro pobló otros lugares cerca, -dijo Chano- otros campos y después vino a Las Grutas y se instaló por la Bajada Cero, donde ahora está el ACA, por ahí estaba mi tío Isidro y vivía a lo campo”.

También contó que recorría grandes distancias para sacar agua de un pozo, que quedaba por las tierras de Tarruella, y aseguró que una vez tomó de esa agua y que era bastante turbia. “Pobre –se lamentó el sobrino- la acarreaba para los menesteres y para tomar y para todo.

Tío Isidro –siguió sin pausa- tenía chivos y nos decía: ‘vengase para allá para comer un chivito’. Él los hacía en 25 minutos en el asador y eran de ricoooooos. Le puedo asegurar que era cierto que en 25 minutos los hacía, le controlaba la hora otro tío mío y qué rico y qué bien asado, lo hacía, a pura llama –apuntó con admiración-.

-¿Con tanta llama…?, pregunté.

-Sí, y no los quemaba –insistió Chano-, Isidro tenía ya la especialidad, los hacía así, a pura llama, como le dije, remarcó elocuente.

Y “El Negro Espinosa” añadió más datos.

“Isidro tenía una casa de adobe con pieza y cocina y yo siempre le sabía comprar leche y queso casero. En su campo tenía vaquitas y las ordeñaba y a las chivas también y además tenía caballos”.

“Cada tanto iba a San Antonio –continuó Espinosa- vendía leña, y por lo menos unos mil kilos entraban en el carro, que andaba tirado por dos o tres caballos, uno iba en la vara y los otros dos a los costados y él se ponía en el pescante para manejar. Lo tenía pintado de argentino –celeste y blanco- y llevaba un letrero que decía: “El Solito” con una pintura con las letras que parecían acuosas, no era cómo las de ahora que todo viene calcado”.

Comentó también que todos los meses Isidro compraba los vicios en el pueblo, corría a los boliches y después recién se iba de vuelta a Las Grutas, además se acordó que era muy amigo del viejo Fitté, el que vivía por el cañadón de la Paloma.

-¿Don Isidro vivía solo?

-No, respondió Espinosa, Él tuvo una mujer que se llamaba Anacleta, yo la conocí y después Isidro quedó viudo y al tiempo se juntó con doña Avelina cuando se fue a vivir a San Antonio y lo acompañó hasta que murió por el ’76 o 77, ya en los últimos años había quedado ciego y Julio Feltaño era su hijastro.

También mencionó que tuvo dos criados varones –hijos postizos- y que se quedaron con ÉL hasta que se fueron al servicio militar. Uno se llamaba Timoteo Otero y le decían “Negro” –falleció cerca del 2000- y el otro, Ismael Paz, con el apodo de “Mosca” y también murió por esa época.

-Aaaah!, y los chivitos los hacía al asador –declaró en otro momento Julio Feltaño-. Y era un viejo gaucho, si iba cualquiera a Las Grutas, le decía: ‘vamos a comer un chivo, te invito’, no tenía problemas.

Asimismo destacó que en Las Grutas también estuvieron los viejitos López y Pochocotín y que este último vendía bebidas.

“Y una vuelta, -dijo Feltaño- el viejito Pochocotín, donde pega la curva por el caminito derecho que pasaba el zanjón que había en Las Grutas, una noche venía bastante toscanao –con copas de más-, pasó de largo y cayó debajo de la barranca, iba en un camión, un Chevrolet 4, un Ford A, Él era muy nombrado, era hermano de un Contín del hotel Comercio. Y al otro día voy yo y encontré que había una damajuana debajo del camión toda forrada se veía y había llevado vino. Menos mal que se golpeó un poco la cabeza nomás y había un charco de agua y se había mojado también un poco. Y de ahí -titubeó– mucho no me acuerdo cómo lo sacaron, seguro que lo sacó el viejo Isidro tirándolo con los caballos.

-¿Hasta cuando su tío se quedó en Las Grutas, Chano?

-Bueno, -dijo- cuando Las Grutas, después del ’60 empezó a prepararse para el turismo a mi tío le dieron un terreno en San Antonio, en el Ensanche y ahí lo sepultaron, como quien dice. Se apropiaron de ese terreno de Las Grutas, la municipalidad y le hicieron levantar las pilchas, porque era fiscal.

-¿Sobre Isidro, quiere saber más?, -apuntó ahora Julio Feltaño- que más le puedo decir, se vino para acá, al Ensanche, vendió los animales. El municipio se hizo cargo de comprarle todo, fue “Bencho” Leal y aparte le quedó algo de plata.

-¿Es cierto que en sus últimos años estuvo ciego?

-Sí, claro, vaya a saber por qué, la gente en esos años, la gente de campo era de tomar yuyos nomás. Me acuerdo que después lo llevaron a Buenos Aires, en el Santa Lucía lo operaron y agarró de noche, se descompuso y se arrancó las vendas.



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