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De izq. a der. "Gallego" Gerez, Juan Baluczynsky, Edgardo "Vasco Larregui, "Tito" Marinao y Juan Carlos "Tata" Rusconi -fot: J.C. Rusconi-

CRÓNICAS DEL AYER

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

fot. "Tata" Rusconi

Antonio "Chulín" Ricci -patrón del Don Félix cerca de 12 años -fot-Rusconi-74

 

Parte de la tripulación del Don Félix, de izq. a der.Juan Baluczynsky, "Picardía", Edgardo "Marilú" Bueza, José Antonio "Farolito" Ricci, Carlos "Gallego" Gerez, Edgardo "Vasco" Larregui y "Tito" Marinao. -fot. J.C."Tata" Rusconi

 

Arriba: "Don Antonio "Chulín" Ricci, en cubierta: Rosasco, Buesa, "Picardía", J.Baluczynsky, Marinao, Larregui, "Farolito" Ricci y Gerez -fot. J.C. Tata Rusconi, Mendoza-

Ricardo "Martillo" Martignoni, maquinista oficial

-fot: Rusconi-, enero 1974

Fotografía actual, Juan Carlos "Tata" Rusconi junto a sus dos nietitas, Candela y Agustina

Fot. J.C. "Tata" Rusconi

Rosasco con una raya -fot. Rusconi, '74

 

 

 

 

 

Seleccionando la pesca -fot. Rusconi, '74

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

El avezado pescador "Pulgar" explica sobre la "caviya"

 

 

 

Juan Baluczynsky con Don Chulín -fot. Rusconi, 74-

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

"Tata" Rusconi, 1974

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Ricardo " Martillo" Martignoni, maquinista oficial del "Don Félix" -falleció en 2005-

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

EL BARCO DON FÉLIX TIENE QUIEN LO RECUERDE


EL DÍA DE PESCA DE JUAN CARLOS “TATA” RUSCONI EN ENERO DEL 74


-Nota especial con detalles de la investigación periodística que dio con los diez nombres de quienes tripularon el barco por aquella época-

 

Marta Eva Amado

info@cronistasao.com.ar

-nota especial-

 

-diciembre 10-

 

fotos. "Tata" Rusconi, enero 74


Y continúan las historias del “Don Félix”. Aquel que el 21 de noviembre de 2007 hundieron para dar inicio al Parque Submarino Las Grutas como otro de los atractivos turísticos del lugar.

Unos cinco meses atrás, -julio de 2012- Juan Carlos “Tata” Rusconi desde la provincia de Mendoza mandó un e-mail que decía: “Tengo el agrado de dirigirme a usted, con la finalidad de adjuntarle algunas fotos del barco pesquero “Don Félix”, por considerar que pueden ser útiles a los artículos que ha publicado en el cronista de San Antonio Oeste sobre este tan particular barco, que he observado por internet últimamente, luego de enterarme de su hundimiento”.

Rusconi contó que en enero de 1974 mientras paseaba con su familia por el puerto natural de San Antonio Oeste –actual muelle “Heleno Arcángel” del lado Norte de la marea- se sacó unas fotos junto al “Don Félix”. Y que después de una amable charla con algunos marineros y el patrón Don Chuí (sic), lo invitaron amablemente para que compartiera al otro día una jornada completa de pesca.

Don Chulín, patrón del barco---Carlos Rosasco -hijo de un abogado de la pcia. de Córdoba-

“Si me permite –puntualizó en un siguiente e-mail- quisiera comentar algunas de las fotos. La Nº 6: el marinero que aparece lo llamaban “Picardía”, -en lugar de correponder a esa persona resultó ser Juan Baluczynsky-, la Nº 10: que recién se la adjunto se trataba del patrón que le decían “Chulí” (sic), la Nº 12: era un joven oriundo de la provincia de Córdoba, hijo de un abogado. Otros datos no recuerdo, lo que sí retengo fue ese maravilloso día de pesca”.

Las referencias para identificar a la tripulación de enero del 74, no fueron suficientes. Fue así que esta periodista se interesó en iniciar la búsqueda y resultó aún más alentadora cuando se le sumaron otros correos de “Tata” Rusconi para que el material fílmico y en fotografías que junto a sus hijos Diego y Valentín preparó en un CD quedara en homenaje a los pescadores en el museo de San Antonio Oeste, con el acuerdo del intendente Javier Iud.

"Farolito" Ricci, jr. -----------------"Negrita", esposa de Juan Baluczynsky

Los primeros tramos de la investigación fueron con la identificación y encuentro de José Antonio "Farolito" Ricci y de Juan Baluczynsky en San Antonio Oeste, más tarde se ubicó en la ciudad de Viedma -ya había sido reconocido- a “Gallego” Gerez-

"Gallego" Gerez -ciudad Viedma, pcia. Río Negro-

 

Mirta "Pochi" Panatti de Larregui identificó en SAO, como uno de los tripulantes al que fuera su marido Edgardo "Vasco" Larregui -fallecido- en la otra con Valeria, una de sus dos hijas

El 6to. desde la izq. "Gorrita" identificado: Edgardo "Vasco" Larregui -los demás: Baluczynsky, Picardía, Bueza, Ricci jr., Gerez y Marinao

Pero en noviembre se llegó al paso definitivo cuando Mirta “Pochi” Panatti dio con el que fue su marido Edgardo “Vasco” Larregui –falleció en 2005-. Hasta ese momento tenía el nombre provisorio de “Gorrita” –así se veía en la foto, con gorra de lana que le sobresalía una ancha franja clara con ribetes rojos y en la parte de arriba un pompón de igual color- y tras pasar por infructuosas pesquisas de entrevistas a familiares y gente de la pesca y con los nombres de José Luis “El Chaqueño”, Carlos Flores, Carlos “Piquito” Berde, “Cordobés” Romo y “Pichón” Lázaro.

Parte de la flia. de Marta Millahual de Martignoni junto a Clérica Inés, una de sus cinco hijas durante el reconocimiento de fotografías -Ricardo "Martillo" Martignoni-maquinista oficial del don Félix-fallecido-

Y el final llegó días atrás. Marta Millahual confirmó que por el 74 su esposo –fallecido- Ricardo “Martillo” Martignoni era el que se desempeñaba como maquinista oficial del Don Félix y recordó además que solamente no embarcaba mientras permanecía en reparación.

Que después de casi 40 años, haya podido identificar a las diez personas que lo tripularon, los méritos corresponden sobre todo a los nítidos y afectuosos recuerdos de algunos pescadores. Miguel Ángel Rodríguez, Jorge Migueliz y flia, y “Pulgar” Ponce. También a quienes lo tripularon y entrevisté, incluso a “Pichón” Lázaro, Damián Carmona, “Cuero” Ortíz, Brígida de Berde, flia. Ñancufil, Pedro Balucynsky -hemano de Juan- y de Osvaldo "Zorro" Salas.

 

 

Entonces, la tripulación del Don Félix en enero del 74 estuvo integrada por Antonio “Chulín” Ricci –patrón- , Carlos Rosasco -hijo de un abogado-, Edgardo “Marilú” Bueza, “Picardía”, Juan Baluczynsky, Fortunato María “Tito” Marinao, Edgardo “Vasco” Larregui, Carlos Juan “Gallego” Gerez, José Antonio “Farolito” Ricci jr. (hijo del patrón) -ellos figuran en la fotografía que acercó Juan Carlos “Tata” Rusconi- y además Ricardo “Martillo” Martignoni con el desempeño de maquinista –sin la presencia de esa persona el barco no podía salir a navegar-.

También Rusconi envió algunas fotografías de aquel día de pesca y cuando tenía 33 años. Realizaba maniobras como un tripulante más. Llevaba unas botas de goma negras a la rodilla. Y en otra se había puesto guantes hasta los codos y sobre el pecho y la cintura lucía un delantal como de goma.

Juan Carlos "Tata" Rusconi, junto a sus nietitas, Candela Ma. Julieta y Agustina Ayelén -fot. Rusconi, Guaymallén, Mendoza 2012-

Y en una de las actuales, está sentado frente a una mesa redonda con varias fotos desparramadas de aquella jornada con el Don Félix. Sus brazos y manos enmarcan y abrazan en actitud afable a sus pequeñas nietitas. Tiene contextura mediana y esbelta, la tez es blanca y estable al sonrojo, de su rostro se destacan una frente amplia que se une a su extendida calva y los ojos claros que miran como si ahondaran en algo, mientras le asoma una sonrisa con cierto brillo de complicidad.

Contó en otro de los correos que zarparon a las 8 de la mañana de un día soleado –pero que antes escuchó las ruidosas charlas de bienvenida de los pescadores y cuando se repartían las tareas- y que no podía imaginar lo duro de esa jornada si hubiera sido en los meses de invierno. Dijo que tras unas dos horas de navegar, la tripulación realizó el primer lance de pesca, sobre un total de cinco. Y después hasta se maravilló por lo espectacular de la abundante pesca y el enorme tamaño de los peces.

Además relató que aquella vez, llegó a percibir con bastante intensidad la sensación de diferencia entre el ambiente marino de puro movimiento con el estático de montaña mendocino, donde vivió siempre. Explicó que en la cubierta se hacían más nítidos los suaves resoplos de la brisa del mar con su inconfundible aroma propio y se agregaba también el persistente ruido del motor del barco, aunque aseguró que tanto no le molestaba.

Recordó que cuando se lanzaba la red al mar, junto con ella y colocados hacia los dos extremos iban unos portones cual tableros cuadrados de madera de unos dos metros. Y más tarde agregó: “Me explicaron los marineros que se utilizaban para que la red se abriera en toda su extensión y después llegara a sumergirse”.

Y esta vez, concluyó: “Regresamos cerca de las 11 de la noche al puerto natural de San Antonio Oeste, luego de un extenuante día, pero totalmente extraordinario y con muchas vivencias nuevas, para un mendocino curioso”.

“Y si usted considera que puede ser de utilidad –escribió más adelante- tengo algunas filmaciones que realicé en formato color de 8 mm, obviamente en una calidad de tipo familiar de varios de estos lugares… la del barco Don Félix es del año 1974 y de 8 minutos”. Precisó que el CD que preparó junto a sus hijos, aparte de la música de fondo, también contenía las fotos que envió.

-Nada le haría sospechar a nuestro protagonista que al poco tiempo lo terminaría mandando a los integrantes de la tripulación que se identificaban y que además de donarlo al Museo, con fotos lo cedería al Mirador de Mar “Don Félix”, tipo restó bar que hace apenas unos días se inauguró a la altura de la Segunda Bajada en Las Grutas-.

-¿Algunos están con los torsos desnudos?, –comenté en otro de los correos-.

-Como era el mes de enero, -escribió más tarde- la temperatura era bastante alta, y siguiendo el ejemplo de otros compañeros, entre que el trabajo por momentos era muy intenso y el sol implacable, me quité la camisa y cambié los pantalones por una malla.

Rusconi se acordó de que el patrón Chulín le dijo que durante el invierno se vestían con ropa muy abrigada y que además se calzaban un capote con capucha y botas. Las vestimentas corresponden a un tipo de tela impermeable-encerada y de color amarillo. El agua de lluvia puede correr y de producirse una emergencia, la tripulación sería vista con facilidad.

En la filmación se aprecia la maniobra, de mucho riesgo, cuando la red subía al barco. Y una vez en la cubierta algunos tripulantes separaban de manera profesional las distintas variedades de la pesca, desde merluza, gallito, lenguado y otras.

También recordó que hasta el ruido que producía el aparejo o cabrestante, por momentos, cuando debía enfrentar las olas, se asemejaba a un alterado traqueteo que chirriaba con voz metálica, mientras enroscaba los dos cables de unos 350 metros y traía el botín del mar en una enorme bolsa color de plata con fuertes destellos por la luz del sol.

Devolvían al mar los pescados de un tamaño menor a los 20 centímetros. Recuerdo que al tomarlos entre mis manos, comentó “Tata” Rusconi, daban desesperados e inútiles coletazos y también sentía a través del guante la suavidad de la piel fría como si tocara el cristal de un auto en día de invierno.

Fot. Rusconi, 1974

Y mientras tanto, las gaviotas en bandadas seguían siempre al barco con potentes graznidos y estaban atentas para devorar a picotazos todo el descarte. En el mar se divisaban tiburones o bacotas –según el nombre que dieron ahí, los pescadores- que participaban de la comida. Y en unas de las fotos se observa a los marineros que sonrientes retienen entre sus manos a un enorme espécimen y a punto de soltarlo al agua.

Y agregó al rato: “Le comento que se sentía muy fuerte el olor a pescado, pero por fortuna, con la ayuda de la brisa marina, se lograba despejar lo necesario. También debo acotar, -escribió en otras líneas- que cada vez que voy a un mercado de ventas, acá en Mendoza y veo la variedad de peces, vuelvo a recordar los buenos momentos de ese día”.

Y después a los pescados seleccionados los ponían cerca de una escotilla que daba a la bodega y los acomodaban en contenedores tipo cajones de madera añadiéndoles hielo. Y mientras esto sucedía, contó que se enviaba otra vez la red al mar y se repetía el mismo trabajo como si fuese un ferviente ritual de alguna celebración.

Tampoco quiero pasar por alto un hecho curioso, -añadió más adelante el turista mendocino- . Detalló que mientras seleccionaba los peces en la cubierta advirtió un movimiento que le llamó la atención. Se acercó y vio un tentáculo que salía de uno de los cajones apilados y lo metió dentro. De pronto salió otro y después otro más, hasta que apareció una cabecita. Se dio cuenta de que se trataba de un pulpito. Lo colocó nuevamente en el cajón y volvió a salir unas dos veces más, hasta que lo tomó con las manos y rápidamente lo arrojó al agua.

“Debo confesar que me quedé muy contento con mi actitud de prolongar su vida”, apuntó en el e-mail, tal vez sin la vergüenza de que se viera ese costado de tanta sensibilidad.

Asimismo recordó que cuando inició el viaje en el Don Félix, su entusiasmo por sacar fotos y filmar los detalles de esa hermosa aventura, lo llevó luego de pedir permiso a subirse a la gatera del barco o también llamada “carajo”. El canasto metálico para el vigía que está en lo más alto del palo mayor. Y que debido a los distintos movimientos, sumados a la elevación en que se encontraba, hicieron que sufriera una descompostura, por demás molesta.

“Pero, a pesar de ello logré tomar unas pocas fotos y filmar, para que se apacigüe mi ansiedad de ese momento y obviamente no volví a subir ahí durante el resto del viaje”, apuntó después.

Carlos "Piquito" Berde -falleció en 1990 -está en la cocina del Don Félix donde se aprecia la baranda de hierro que recordó Rusconi -fot. cuadro flia. Berde-

Del mismo modo le llamó la atención una baranda alta de hierro sobre el borde superior de la cocina, la que seguro servía para contener las ollas y otros cacharros cuando se producía un oleaje muy fuerte. Y hasta recordó el intenso aroma casi dulzón de los fideos con pollo que el cocinero preparó ese día.

“También me sorprendió –soltó otra vez- el suave bramido que se producía cuando el barco pasaba sobre las olas –aunque no hubo oleaje fuerte- , pero igual me imaginaba lo que podría suceder si pegaba con fuerza, el trabajo que suponía para la embarcación tratar de superarlas”.

Con la marea baja se vía la quilla del Don Félix que estaba listo en el muelle de SAO para el hundimiento -fot. nov. 2007-

Además, Rusconi destacó la pericia del patrón mientras subía la red llena de pescados. Debía maniobrar el barco de tal forma para que no quedara expuesto a las olas que le provocaran una vuelta de campana y se hundiera. Recordó que Chulín decía con franca molestia: “Este barco, no tiene quilla”. Aunque sí, la tenía –se enmendó rápido- porque después dijo que se enteró que por el tipo de construcción peruana, su diseño no era demasiado grande.

"Pulgar" Ponce explicó sobre "la caviya" o cavilla

Y mientras la red atrapaba los peces en un tiempo cerca de dos horas, la tripulación limpiaba la cubierta y también merendaba o mateaba en amenas charlas. “De las que oía sin entrometerme, aunque respondía a las preguntas y compartía las salidas graciosas que se iban generando”, señaló el curioso turista mendocino. Y recordó muy claro que decían “la cabiya” de la que no supo de inmediato el significado por no preguntar aquella vez y que repetían con bastante frecuencia, pero que después se enteró con esta investigación –es una herramienta de forma de aguja de hierro para hacer los lazos o gazas de cable que luego amarran los barcos, entre los usos- . Dijo que aparte sacó fotos, filmó y se sintió honrado como un trabajador más.

-¿Es cierto que el don Félix no contaba con baño?, pregunté en otra de las ocasiones.

-Sí, es verdad, -apuntó- el tema de los sanitarios, un espectáculo sin precedentes, para mí fue una gran experiencia, pero en esa circunstancia me acordé de ese refrán que dice: “Donde fueres haz lo que vieres”.

Y además –continuó "Tata" Rusconi, después de responder a la pregunta un tanto incómoda- debo confesar que siguiendo las costumbres del buen mendocino tuve el privilegio de dormir una pequeña siestita. Fui a una pequeña habitación al lado del comedor, allí había unas cuchetas y después de decidirme por una de ellas, me acosté, cerré los ojos y me dormí mecido con el suave movimiento de vaivén y el murmullo que producía el barco al pasar sobre las olas”.

fot. "Abadejo", de una foto José Schinone y "Don Félix" -fot. Rusconi

Incluso le comento –escribió días más tarde- que al copiar este video del barco para enviárselo y aunque usted no lo crea, me trajo nuevos recuerdos. El Don Félix se trataba de un barco preparado para la pesca de media altura, porque no se alejaba de la costa, más de 10 millas marinas, equivalentes a unos 18 kilómetros. Y a propósito, en una parte de la filmación se puede observar otro barco de color rojo, el que creo que se trataba del “Abadejo”, contemporáneo al Don Félix y al Don Valentín, -pintados de amarillo- pero que navegaba por aguas mucho más abiertas.

Además envió otra foto que la tomó su familia en el puerto mientras el barco permanecía amarrado. “Me pareció aprovecharla para señalar los instrumentos de mando”, aclaró “Tata” Rusconi. El barco tenía un equipo de radio transmisor y un sonar que medía la profundidad y también indicaba si había cardúmenes por donde pasaba.

En el 97, Rusconi encontró al Don Félix en el cementerio de barcos, en la marea de SAO

Asimismo –expresó en unas breves líneas, unos días después- en otro de mis viajes con mi familia en el ’97, al ver al Don Félix sobre la playa, al costado de la marea, del puerto de San Antonio sentí desazón y mucha pena mezclada con nostalgia, luego de haberlo visto gallardamente haciendo su trabajo de extraer los frutos del mar”.

Y sobre el posterior hundimiento en 2007 para iniciar el Parque Submarino Las Grutas Juan Carlos “Tata” Rusconi también opinó. Dijo que si bien compartía el sentimiento de pena de los tripulantes que lo habían habitado, ese destino final era una forma de que continuamente permanezca su nombre en la memoria de la comunidad.

Finalmente escribió que quiere recordar por siempre a Antonio “Chulín” Ricci, patrón del pesquero Don Félix –que lo fue por unos 12 años- y al resto de la tripulación. Ellos le permitieron vivir un día especial y hoy asegura que se encuentra ubicado entre sus mejores recuerdos.

Antonio "Chulín" Ricci, patrón del Don Félix por más de 12 años y "Tata" Rusconi, en enero del 74

ALGUNAS IMÁGENES DE LOS AGRADECIMIENTOS DE LA INVESTIGACIÓN

 

Jorge Migueliz - Nélida y "Pulgar" Ponce

Miguel Ángel Rodríguez

 

Lucrecia y "Cuero" Ortíz ------------Flia "Pulgar" Ponce muestra aguja para arreglar red

"Pulgar" Ponce con "la caviya" o cavilla

 

Flia. del pescador Berde -Brígida de Berde, Carlos y Vanesa Berde con los retratos de Carlos "Piquito" Berde -fallecido-

"Pancho" Carmona y Gladys de Carmona

 

Osvaldo "Zorro" Salas -fot.archivo-

 

 

 

 

 

 

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