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CRÓNICAS DEL AYER

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Notas de "Bocho" Izco en cronistasao!!!!!

 

Érase un pueblo con aguaterías -primera nota-

Érase un pueblo con aguaterías -segunda nota-

La antigua iglesia de chapa...

El interior de la iglesia de chapa...

La administración del cine me dejó profundas...

A las fotografías de antes las hacían...

Datos curiosos de la corriente eléctrica, antes del '40

¿Sabías qué las candelas filtraban el agua?

Las idas a Las Grutas y la primera casa de fin de semana

Los 50 Años de Las Grutas, el primer tendido eléctrico

La venta de nafta en SAO

El reparto de leche

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Izq.junto a Tucho Rojas, Adolfo con gorra y la hinchada que lo alentó y acompañó en el singular rally en el 73 en Las Grutas.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Adolfo entrando al mar para cumplir su desafío deportivo en el 73 -fot. Adolfo Espinosa-

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

HISTORIAS DE VIDA DE SAN ANTONIO OESTE

 

Don Adolfo Espinosa, alias “El Negro Espinosa” (1929-2012)


Un solitario pionero de las Grutas y sin que se lo propusiera fue el primer comerciante y hasta tuvo el privilegio de disfrutar en soledad del hobby de la natación.

 

Marta Eva Amado

info@cronistasao.com.ar

-Nota especial-

-Primera edición, 2005 Tiempo de Vacaciones-

Segunda edición y ampliada: -26 de enero de 2014-

fotografías: de la época, Adolfo Espinosa y actuales: cronistasao

 

Yo nací en el ’29, el 11 de mayo en el bajo, en San Antonio Oeste y después me vine acá a la Loma, contó “El Negro Espinosa” en una de las charlas entre octubre de 2005 y noviembre de 2008 mientras mezclaba su propia historia con la de algunos personajes típicos del lugar. “Doña Josefa, la Chanchera, Francisco Fitté, que habitaba en la Paloma, por el cañadón de los pulperos y que vivía de la caza y de la pesca, solía comer sopa de tortuga y lobo de mar; Isidro Álvarez con su puesto de chivos, algunas vaquitas y caballos en la bajada del ACA y los quesos que hacía y también pasaron por su memoria otros protagonistas.

-¿En qué época fue a Las Grutas?

-En el ’36, ’37 –tendría seis o siete años- una familia de San Antonio me invitó a ir en un Ford T y a mí me llamó la atención. Era una laguna grande que no se terminaba nunca, claro, yo era chico. Para mí era una satisfacción ver eso, no era la marea que conocía, era el océano. Y bueno, pasamos el zanjón que había ahí, ahora está el ACA y ahí Héctor Izco con Caminoa que era un gran deportista y con otros tenían una casa.

El Negro Espinosa deambuló por varios trabajos. En el Correo repartió correspondencia cuando funcionaba en la calle Avda. San Martín, en el ferrocarril, -dijo que trabajaba tres meses y que después lo dejaban afuera, que era provisorio y además tenía que estar afiliado al peronismo-, y que por esa situación le dio por venir a Las Grutas, cerca del 52.

“Me hice una casita a duras penas, ahí donde está “El Timón” y trabajé en el hotel donde está la delegación –se demolió en 2013- que era del Automóvil Club, después entre el 74 y el 93, me fui a trabajar a la mina de Sierra Grande, ahí se ganaba muy bien”.

Adolfo aclaró que compró el terreno en Las Grutas y que no sabía cómo solicitarlo, recordó que fue en la época de Perón.

“Yo me dije: si me meto en un terreno cometo un delito, entonces fui a la oficina del municipio y me dijeron que no tenían nada que ver, después fui a la de tierras, que era de forestación, que en ese tiempo no se podía arrancar, ni sacar piquillines y lo que más valía del monte, pero nada tenía que ver. Entonces fui a la comisaría y ahí me dijeron que vaya a la Sub-Prefectura. Ahí, por último me dijeron que sí y que debía ocupar un terreno retirado de la costa, a unos 25 metros o 50 y yo me retiré por las dudas, unos 100 metros. Después pagué y me dieron un recibo.

Dijo que su casa era de segunda categoría y que con el tiempo la desarmó para adecuarla a la llegada del turismo.

A la que hizo al principio con enramada para tener sombra la ubicó como referencia en la fecha que no había pasado tanto desde el estallido de la revolución del ’55. Acá, en Las Grutas, recordó que estuvo Isaac Rojas comandando un operativo.

¿Rojas, vino acá?

-Sí, vino Rojas con la operación Yacaré, estuvo acá en el golfo como tres o cuatro días que se sentían los cañonazos y temblaban los acantilados. Era el eco de los bombazos y caían los pedacitos de tosca yo los vi cuando recorría la playa y agarré y me retiré lejos. No vaya a ser cosa que me aplastaran”, dijo aun con muestras de profundo asombro.

Contó que la gente del pueblo se preparó para ver a los militares, -andaban en autos que bajaron de los buques- pero que al final no lo consiguió, porque a la madrugada se habían ido.

En Las Grutas, durante los inviernos hacia pozos. “Alguno que iba a hacer una obra y tenía que hacer zanjas, era un trabajo duro”, recordó.

Don Breciano una vez le dijo: ¿por qué no ponés algo para vender?

-Y yo no tenía plata, estaba seco –remarcó- por tanto que había gastado en comprar los materiales, pero igual puse provisoriamente un boliche y laburé un tiempo, dos o tres temporadas. Después ya vinieron otros y me retiré, ah, también tuve una heladería.

-¿Se casó, tuvo parejas?

-No, siempre viví solo, claro, he tenido amigas…

Y cuando cerró la mina de Sierra Grande en el 92-93, se quedó unos años más en Las Grutas y después terminó alquilando “El Timón”.

-Bueno –dijo tras una pausa- a mí me gustaba nadar mucho –y mostró una de las fotos-, la primera vez que las enseño –destacó- pasa que si las presto, no las veo más.


Trajo a la memoria que se le antojó hacer una prueba de natación, en el ´73 cuando tenía 44 años y pesaba cerca de 90 kilos.

Le dijo a un tal Sixto: ‘mirá, yo me animo a nadar desde el faro hasta la Segunda Bajada’.
“Hacelo, me contestó, si te animás. Yo antes me había largado desde la Rinconada, me acuerdo que me salió al encuentro un lobito y me miraba, era muy curioso, pero de eso no había dicho nada y entonces de ahí que me sentía seguro de llegar”.

Y para la gran aventura de hacer el rally de natación, unos muchachos del Ensanche Sur que pertenecían al Club Atlético Unión de San Antonio se habían enterado y quisieron que los represente.

-Bueno, si ustedes quieren también presenciar, -les dijo- vayan para allá.

-¿Y con quien compitió?

-Solo –contestó riéndose-. A mí me gustaba nadar al gusto mío, de carrera ya cambia. –Ah!!!, y a mitad del recorrido me alcanzó un muchacho, Tucho Rojas, que era muy buen nadador. Y en esta foto –señaló- me estaba preparando para salir y me dieron un gorrito. Y bueno, fíjese, ahí están todos mirando en el momento que estaba por llegar. ¿No ve que están preparando la bandera?

Don Adolfo empezó a nadar en la marea de San Antonio en el tiempo en que su madrina lo llevaba con cinco o seis años. “Aprendí a los manotazos, -contó- después ya me gustaba la natación y leía “El Gráfico”, que me enseñó el estilo. Pero, bueno, es una manera de decir, porque en realidad, no me enseñó nadie, era una afición muy fuerte que tenía.

-Mire –dijo y señaló una pila de revistas que tenía en el galpón- con esas aprendí a nadar. Ahí sacaba la gimnasia, cómo se respiraba, cómo se nadaba. Leyendo aprendí.

-¿Y esta chapa que dice San Antonio Oeste-Balneario Las Grutas?

-Bueno, explicó, cuando don Breciano le vendía terrenos a la gente servía para hacer propaganda a Las Grutas, le daba una chapa como esta que se ponía al lado de la patente.

También mostró como recuerdo una cartera de reparto de correspondencia. “Esto es del correo, -indicó con el índice- me la regalaron, ahí llevaban cartas, antes las repartían caminando. Y de los carteros que me acuerdo eran Mazziotti, el viejito Sáez, Almaza, Salinas, Sierra y Robles.


Y después ya instalados en la cocina de su casa y él siempre de pie retomó la charla sobre su hobby relacionado con la natación.
Contó que un domingo, por la mañana temprano en Las Grutas, después que nadó se sentó a la sombra a descansar y que se le acercaron dos personas y le preguntaron: ¿Era usted el que andaba nadando?, nosotros somos nadadores pero de pileta, y uno era de Estudiantes y Esgrima de La Plata.

-Bueno, encantado de conocerles, les dije. Qué otra cosa les podía decir –Sonrió y hasta por la forma en que levantó el pecho se le notaba bastante orgullo-.

También contó que otra vez que se largó de la primera bajada -aclaró que era la segunda de antes- y que cuando salió solo, tranquilamente, un pibito le dijo: ¿‘abuelo, dónde está el hombre que andaba nadando? –acá está, le dijo. Y después otra vuelta una señora y así, muchos le decían: ¿no se cansa?, hasta pensaban que tenía un mecanismo, aseguró muy serio.

Don Adolfo contó que nadó hasta los cincuenta años.

-El doctor Serra una vez lo asustó y le dijo que no tenía que meterse tan hondo, recordé.

-Ah, sí, una vuelta me agarró. Yo le dije: hola doctor, yo contento, porque él era muy popular y me dijo, respetando la palabra, me dice: ‘Mirá, vos no sos un pendejo –así me dijo-. No doctor, le digo. Y me dice: ‘No te metás muy adentro, ¿a vos quien te saca?, vos vas a sacar a alguno, pero ¿a vos quien te saca?, ¿cuántos años tenés?, 45, le dije. Bueno, dejate de joder con el agua, así fue que me dijo. Antes que me retara me metía mar adentro, después le hice caso, tiene razón, pensé, es un doctor y sabe por qué me lo dice.

-¿Siente que perdió a Las Grutas de antes?

-No, estoy contento, porque tengo donde estar. Y porque lo que tengo me parece que me cayó del cielo. Si lo hubiera buscado no lo encuentro y justo porque veníamos a Las Grutas en bicicleta a pescar con Jugovac, a macanear. Y siempre le decía: me voy a hacer un ranchito acá, así nos quedamos a la noche a dormir.

-Y sobre cómo está ahora comentó: Bueno, primero, acá era todo monte. Usted sabe que me acuerdo de una canción que dice: ‘entre los pastos perdidos había un rancho...’. Y así era, entonces digo: mirá Las Grutas, ahora es una ciudad, para mí que me acosté a dormir, estaba soñando y mirá lo que veo”.

Como le decía: -continuó sin pausa- por esa época lo que más veía era el tucu tucu, un animalito con la forma de ratón, más grande que una rata. Algunos lo comían, a mí me repugnaba. Había muchos debajo de las matas y también cuises, martinetas, pájaros y loros.

También recordó que muy temprano, casi de madrugada ya estaba despierto.

“Cuando había mar de fondo me despertaba el oleaje. El agua en las rocas se sentía clarito y en la mañana estaba en silencio, eso.

También iba a pescar con la caña y con el tarrito y un anzuelo. Pescaba de noche con un farol. Yo lo ponía ahí, en la barranca con tres o cuatro anzuelos y los dejaba clavados con un fierro y cuando pescaba, la tanza empezaba a dar vueltas”.

Mencionó que sacaba pejerreyes y algunas veces róbalos y ahí nomás los limpiaba y si hubiera sido el viejo Fitté, seguro que los comía así nomás –y no paraba de reírse- .

¿Pero le ponía limón?

-Noooo, si no había nada en esa época, ningún boliche.

También contó que solía encontrar muchas martinetas y que perdiceaba con Alberto Noguera y que además no se perdía de noche.

“Poníamos –explicó- en la casa de Noguera, en un poste alto, un farolito chiquito, lo veíamos de lejos, siempre teníamos la señal cuando nos desviábamos, ahora, si se apagaba el farol nos perdíamos, –y otra vez se rió con ganas-.

-Don Adolfo que falleció en el 2012, tuvo su reconocimiento en 2010 de parte del municipio de San Antonio Oeste. Una de las calles de Las Grutas, en la primera bajada -antes Pomona- lindante con su tradicional negocio que hace esquina con la de El Bolsón -peatonal- ahora lleva su nombre-.

 


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